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TROPECE DOS VECES EN LA MISMA PIEDRA?

Hay un proverbio chino que dice algo así cómo, por qué cometer dos veces el mismo error, habiendo tantos nuevos que cometer. Me gustaría poder dar una respuesta lógica y coherente a esta pregunta, pero no puedo. Lo único que puedo decir y que me digo a mi misma es que, cuando haces otra vez lo mismo es porque piensas que no te equivocas, porque estás convencido de que esta vez es la buena, y porque siempre hay algo distinto y algo mejor, mucho mejor, que la vez anterior y pisas la piedra otra vez, con la seguridad, con la fuerza de quien camina sabiendo que esta vez no caerá. Pero no, la piedra salta y vuelves a caer y entonces es cuando te haces la pregunta del proverbio ese.

Es curioso que cuando te metes en una relación complicada por las circunstancias y tú te entregas al cien, al doscientos por cien, y la otra persona, que es la que tiene una serie de trabas, de circunstancias en su vida que hacen que no pueda darse como tú, se permita el lujo de decirte, "para ti es muy fácil, tú no tienes complicaciones" y digo que es curioso, porque cómo no vas a tener complicaciones, mi primera complicación eres tú, tus complicaciones son las mías, la dificultad es la que pones tú, las trabas son las que pones tú y yo, aun así, me lanzo, cómo no voy a tener complicaciones. Todavía tienes tú más, porque son complicaciones que no puedes resolver tú, no está en tu mano, no puedes hacer las cosas por el otro.

Había perdido la costumbre de circular con el freno de mano puesto, cosa que se me daba muy bien, y cuando lo quito, acelero, empiezo a meter quinta, circulo disfrutando de la velocidad, me pego una hostia (otra, que triste), mucho más gorda que las que me he ido metiendo a lo largo de la vida. Y esto me hace pensar que a lo mejor debería volver a la autoescuela. Pero no, creo que es bueno acelerar y soltar el freno y abrir la ventanilla para que entre todo el aire, sin miedo a ahogarte (a ver, que nadie haga esto en el coche, eh, jejejeje, respeten las señales). Cuando el aire deja de entrar, sí vienen los ahogos, te falta, lo necesitas para respirar, pero siempre hay que pensar que alguna vez, con el tiempo, volverás a abrir la ventana, aunque ahora, en el momento, decidas cerrarla sin dejar que entre una sola gota de aire.

También me da por preguntarme si realmente soy yo la que hace las cosas mal, para acabar siempre con chichones. Quiero pensar que no, quiero pensar que no me lo merezco, quiero pensar que merezco ser feliz, quiero pensar que en algún momento de mi vida alguien me querrá tanto, alguien deseará tanto tenerme a su lado, como para que las piedras se desintegren, sé que eso existe.

Y no quiero que se me olvide decir los estupendos amigos que tengo, los que te dicen las cosas claras, los que te aconsejan, los que opinan que estás haciendo el idiota y cuando claramente has demostrado lo idiota que eres, no te dicen "ya te dije que eras idiota", aunque lo piensen, jajajajaja.

Estoy rota, destrozada, vamos, hecha mierda, para qué negarlo. Pero ahí sí que sirve haber tropezado antes en la misma piedra, porque sabes, por la experiencia que todo pasa, que no hay mal que cien años dure, que la vida es bonita y que sí llegará algo bueno, algo bonito. Y que en el estanque de Jorge Bucay, prefiero ser la tristeza que la ira. Y ahí os pongo esa historia

LA TRISTEZA Y LA FURIA

En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta...
En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas...

Había una vez...
Un estanque maravilloso.
Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente...
Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia.

Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas, las dos, entraron al estanque.
La furia, apurada (como siempre está la furia), urgida -sin saber por qué- se baño rápidamente y más rápidamente aún salió del agua...

Pero la furia es ciega, o por lo menos, no distingue claramente la realidad, así que desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró...

Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza...

Y así vestida de tristeza, la furia se fue.

Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre, a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque.

En la orilla encontró que su ropa ya no estaba.

Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia.

Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos, es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad... está escondida la tristeza.


Del libro Cuentos para pensar. de Jorge Bucay

Un beso a todos

 

TEMIS

 

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